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2008
17
Sep
Recuerdos de los buenos tiempos de la industria

En todos los sectores de la sociedad hay referentes insoslayables que dejan una huella imborrable. En la industria naval argentina, ese referente es el capitán de navío (RE) Enrique Ricardo Carranza, quien murió recientemente en la Ciudad de Buenos Aires. Por tal motivo, y a instancias de Horacio Martínez, ex presidente de la Federación de la Industria Naval Argentina, se colocó una plaqueta conmemorativa en la sala de reuniones de la entidad, la que a partir de ahora lleva el nombre de Enrique Ricardo Carranza.

En 1960 fue designado titular de Astilleros y Fábricas Navales del Estado (AFNE), cuando el sector era apenas incipiente y los astilleros eran pequeños varaderos dispersos a la vera del río Paraná.

Carranza, desde su situación de liderazgo en esta actividad, alentó al crecimiento y desarrollo de las empresas existentes así como también la creación de nuevas plantas industriales, entre las que se destacaron Astillero Príncipe Menghi y Penco, Alianza, Sanym y Astarsa, entre otras firmas. En este período la actividad se había consolidado entre las mejores del mundo.

Ejerció la presidencia desde 1960 hasta 1976, y posteriormente lo hizo desde 1984 a 1986. Inédito para una empresa estatal en la Argentina.

Durante los 16 años de gestión del capitán –en su primera etapa- se firmaron contratos y se construyeron más de 40 buques. De esa cantidad, seis fueron para la Armada, destacándose la fragata ARA Libertad –aún hoy embajadora por los mares del mundo- y el destructor Santísima Trinidad, único buque construido en el país propulsado con turbinas de gas y considerado por los propios diseñadores (Inglaterra) mejor que los construidos en sus propios astilleros.

Se hicieron 17 buques para la empresa ELMA, petroleros para YPF -los más grandes de Argentina -, y también se construyeron embarcaciones para armadores privados.

Considerando los 40 buques durante los 16 años de gestión, la evaluación expresa que la producción media fue 2,5 buques por año, de gran porte y alta complejidad, lo que era un valor razonable para el país en esa época.

Estando Carranza ya retirado del astillero, tuvieron un buque en gradas durante ocho años, el Ona Tridente, que al momento de continuar su construcción tuvieron que aggiornarlo con nuevo diseño de equipamiento, ya que tal como estuvo diseñado era obsoleto antes de tocar el agua.

Legado

En el área de construcciones mecánicas se firmaron contratos de licencias para construir motores diésel de gran potencia para propulsar buques y para centrales térmicas. Hay que destacar que todos los buques que fueron construidos en la Argentina en diferentes astilleros (Astarsa, Alianza, Mengui) amén de los propios, todos fueron propulsados por motores AFNE.

Para el área ferroviaria se hicieron locomotoras, booguies para vagones, cruces de vías, compuertas para represas y centrales termoeléctricas. Se dotó al astillero de tres centros de mecanizado que en su época era lo más avanzado del mundo. Los ingenieros recibían capacitación en Japón, Reino Unido y Suiza entre otros países. Lo más importante fue que durante su larga trayectoria en todo momento se destacó por su dedicación, austeridad y honestidad en todo lo concerniente al manejo de la empresa con la gran ventaja que, por su experiencia en el cargo, nada era nuevo para él y tenía un conocimiento total de la mayoría del personal bajo sus órdenes.

Con la muerte de Enrique Ricardo Carranza, se va un hacedor de la industria naval argentina, que pese a los millones de dólares que manejaba, su único patrimonio era un departamento modesto en la Capital Federal y su casa de toda la vida, en las cercanías de La Plata, adquirido antes de ejercer la presidencia de la empresa.

Los medios especializados de la época lo mencionaban como “el padre de la industria naval argentina”.

Una gran familia

En el acto de homenaje a Enrique Ricardo Carranza, se leyó una carta escrita por el propio capitán de navío dirigida al Astillero Río Santiago en 2002.

Angustiado por la malísima situación por la que atraviesa nuestro país, golpeado a diario por todas las malas noticias que se conocen por todos los medios de comunicación, fue un bálsamo de optimismo leer que inician la construcción de buques en el astillero. Lo leí varias veces, y créame sincero, que como fiel creyente rogué a Dios que se haga realidad”, dice en uno de sus párrafos.

En otro de los fragmentos, expresa: “No olvido jamás la tolerancia, la buena voluntad y la colaboración de todo el personal de todos los niveles. En usted hago llegar un gran abrazo a todos los integrantes de esa gran familia que es el astillero Río Santiago”.

 

Fuente: Transport & Cargo - 17/09/08

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